viernes, 28 de julio de 2017

Glorioso cumpleaños en la calle Gloria Fuertes de Burgos

Montaje que Google ha hecho con mis fotos del glorioso cumpleaños.


Ayer, en la calle Gloria Fuertes de Burgos, una calle nueva desconocida para el Google, asistí al "Glorioso Cumpleaños" de Gloria Fuertes. Gracias a La Poesía es un Cuento, a Javier Gil, y a Los versos sueltos. Y a muchos niños y mayores que fueron incorporándose. Y mi móvil hizo participar a la amiga Carmen Ugarte que no pudo estar allí,  me consta que disfrutó también. 

Fue una delicia escuchar los versos de la poeta, que no poetisa, más su biografía con gloriosas anécdotas, todo recitado y vivido, por Javier Gil. Y no faltó la magia de la música: Esther de la Iglesia cantando y con la flauta travesera, Emiliano Bruner con la quena y la guitarra y Sole García al piano.

Aquí tenéis una mejor y más amplia perspectiva:



¡Felicidades, Gloria Fuertes! Mi deseo es que niños y mayores sigan disfrutando de tu poesía y que nadie te rebaje por escribir para niños, como si eso fuera fácil. ¡Lo más difícil!

No olvidéis entrar en la página La Poesía es un Cuento. Allí veréis que hubo hasta tarta...


jueves, 27 de julio de 2017

...el arte es una ventana donde golpear el alma

Pintura de Agustín Merino

Artesanos del color, académicos de lo correcto.

Cuanta perfección hay en vuestra obras repitiendo temática y colores, obra tras obra, hasta alcanzar una meta que nadie ha impuesto, en este loco rodar del torno del alfarero cuando su ultimo barro parece haber sido hecho girar por los arcángeles.

El arte no es una cámara oscura para llevar a nuestros ojos imágenes, el arte es una ventana donde golpear el alma.

Dadme un Vincent Van Gogh que pinta sueños o las impenetrables figuras de Kandinski ,el dolor de Picasso, la oscuridad del tormento de Goya, el color de Matisse, la fuerza de un Kokoschka, los calificadas como facilones infantiles cuadros de Marc Chagall y un no muy largo etc.

El arte es un tañer de campanas que no admite cualquier campanero, poesía y pintura tienen mucho en común no existen medianías o eres Grande como Celaya, Miguel, Octavio, Antonio, Pablo,  etc o eres artesano de la palabra, noble oficio pero no poeta.

(Agustín Merino)

lunes, 24 de julio de 2017

"Marceliano Santa María está pintando; lo que pinta Marceliano Santa María es un paisaje; el paisaje que pinta Marceliano Santa María es un paisaje de su tierra de Burgos"


1940. De cara a la ciudad. Burgos desde San Pedro y San Felices (Marceliano Santa María)

Una mujer joven, sentada sobre la tierra roja de los alfareros, con el cabello muy corto, de negro, enlutada tal vez; mira hacia la ciudad de Burgos desde el barrio extramuros de San Pedro y San Felices. Cerca, adivinamos el duro trabajo, apenas unas pinceladas, tras la montaña de dorado grano, la parva sí, en la era. En un alto, se alza la iglesia del barrio, con sus vigorosos contrafuertes, la misma que pintó el dibujante minucioso del Civitates Orbis Terrarum. Más allá, la arboleda cierra el paisaje rural y se abre el urbano: la cabeza de Castilla, con la grisácea catedral que se impone sobre el caserío y el pelado cerro. Es un cuadro de Marceliano Santa María.

Azorín escribió en La cabeza de Castilla: 

"Marceliano Santa María está pintando; lo que pinta Marceliano Santa María es un paisaje; el paisaje que pinta Marceliano Santa María es un paisaje de su tierra de Burgos. Quisiéramos dar a estas líneas el ritmo, no externo, sino interior, de un viejo romance. Y nada cuadraría mejor a la índole de nuestro pintor que este género de literatura. Al pronunciar, como un conjuro el nombre de Burgos, sentimos que se abren ante nosotros perspectivas ilimitadas: el aire de Burgos es fino, el paisaje, sobrio; las olmedas que circuyen la ciudad, umbrosas."


Marceliano Santa María

Azorín quisiera dar un ritmo de viejo romance a sus palabras, el preciso para contarnos un paisaje burgalés de este juglar de la pintura: el aire fino, el paisaje sobrio, las olmedas umbrosas...su espíritu.

"Pocos pintores como éste habrán logrado adscribir un pedazo de tierra española a su persona...El espíritu de Burgos está en sus cuadros...

Ante un paisaje de Marceliano Santa María nuestros pensamientos son varios: pensamos en toda una dilatada vida de fervor y pensamos en la continuidad del esfuerzo...¿es que el límpido cielo de Burgos, el aire sutilísimo, la tierra jocunda, el boscaje oscuro de los olmos, no habrán confortado a Marceliano Santa María para continuar en su tarea con fe en sí mismo? ¿Y esta serenidad que ahora tiene Santa María después de haber pintado tanto, ¿no se la debe también a la alta y serena tierra de Burgos?...1943"

Después de leer a Azorín, subo las empinadas escaleras del Arco de Santa María porque su Sala de Exposiciones me ofrece "Marceliano Santa María. Un paseo por la provincia", del 7 de julio al 3 de septiembre de 2017. 


Paseo y apunto impresiones:

Retales de amarillo, verde y marrón hasta alcanzar el cielo levemente rosado. Con un poco de rojo, negro y blanco traza sus labradores y labradoras. 

1949. Término de Villacienzo. (Marceliano Santa María)


Las nubes amenazan y el pueblo, a lo lejos, se confunde con la tierra. A recoger rastrojos.

1945. Rastrojos de Villayerno. (Marceliano Santa María)


El esfuerzo de hombres y animales para acrecentar la parva de los granos de oro.

1952. Villatoro. (Marceliano Santa María)

El agua, espejo bromista,  juega con los colores y las formas. En el molino de Capiscol, lo dejó escrito don Marcelino: "sólo el agua conserva su caudal".

1946. "Sólo el agua conserva su caudal". Molino de Capiscol. (Marceliano Santa María)

El voluble río Vena pasa azul, y sin protección, frente a la iglesia de San Lesmes, donde el santo francés lee su eterno libro de piedra.

1951. Alrededores de San Lesmes. Burgos. (Marceliano Santa María)

El molino de Olmosalbos se mira, coqueto, en el agua. 


Molino de Olmosalbos. (Marceliano Santa María)


Marrones y verdes, arriba y abajo. ¿Qué arboles son más de verdad, los de fuera o los de dentro del Arlanzón? 

1943. Salcedo del Arlanzón, (Marceliano Santa María)


Bien conoce el agua el esfuerzo de las lavanderas. 

1943. Lavandero de Cortes. (Marceliano Santa María)

Rincón de La Ventilla. (Marceliano Santa María)

Los toquecitos de color del plumaje de gallos y gallinas que pasean y picotean por las calles. "Ay, vecina de mi corazón, habéis visto una gallina, no". Hay que darles de comer, hay que ir a por agua con el cántaro. Y, allá arriba, las cigüeñas se asoman a los campanarios. 

1945. San Medel. (Marceliano Santa María)


"Marceliano Santa María está pintando; lo que pinta Marceliano Santa María es un paisaje; el paisaje que pinta Marceliano Santa María es un paisaje de su tierra de Burgos."

Hay más cuadros, seguramente Azorín no conoció tantos. Permitamos que se nos abran "perspectivas ilimitadas", en torno a la vida de los pueblecitos castellanos, en aquellos dificilísimos años cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Y desde "la altiplanicie burgalesa", Azorín completa su visión:

"...ante un paisaje de Marceliano, hago la síntesis de toda España, varia en sus elementos, paisajes clásicos y paisajes románticos, y una en su espíritu."

Un abrazo de María Ángeles Merino Moya 

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo V, páginas 55, 56 y 57.

sábado, 22 de julio de 2017

llegan las aguas de mi río a ser abrazadas por el Arlanza

Pintura realizada a la espátula por Agustín Merino Moya.
Presentado a la III edición del concurso Silos Pintura Rápida (15 julio 2017)


En este estío de un peregrinar caminante en la vida,
llegan las aguas de mi río a ser abrazadas por el Arlanza,
para tintar sueños en mi paleta de colores.
El día se viste de azul inmaculado con hilvanes de un sol dorado,
sobre un menguar de luna que se resiste abandonar su reino.
A Santo Domingo de Silos llevo mi descreída fe y mi admiración por las manos que no rezaron.
Pues ocupadas en el impío golpear de la piedra intentando alcanzar un Dios y sus cielos que escapan.
El cantar de los cinceles impone su melodía.
Roto ya el monacal baldío y estéril silencio.
Vacíos como las cuencas de los ojos de un rezador de cansadas letanías.
Pero dios no se apiada ni escucha ni desciende.
Por mucho que elevemos las torres e incluso los dóciles cipreses de nuestros claustros.
Entre la sombra y a luz solo la nada habita.

(Agustín Merino)





martes, 11 de julio de 2017

"En el aire sutil de Burgos, bajo el azul límpido del cielo, ante las olmedas espesas..."


"Inposivle" (Pintura de Agustín Merino, presentada al XXII Premio AXA de Pintura Catedral de Burgos)

En la entrada anterior, de la mano de Azorín, soñaba con La cabeza de Castilla "presidida por un lector". Imaginaba al monje Adelelmo, el abad San Lesmes, paseando y leyendo junto a las orillas del Arlanzón. No sabemos del  río medieval que conoció el "Santo Patrón de la ciudad". Aunque no podamos bañarnos dos veces en el mismo río, cambian las aguas y también las riberas, su visión no sería muy distinta a la de José Martínez Ruiz, en 1948:

 "El cauce del Arlanzón es anchuroso, en Burgos, con islitas, con verde herbazal"


"En el Arlanzón, quisiéramos bajar también al cauce; contemplando el cauce, con su herbazal, con sus islitas, parece que nos exentamos, un momento, de los cuidados en la ciudad."

Ignoramos de qué cuidados precisa exentarse Azorín, durante su estancia en  "la cabeza de Castilla". 1948, un tiempo difícil en que un capítulo titulado "Pasado y futuro" ha de rematarse así:

 "No salgamos de la Catedral, la amada Catedral de Burgos, sin proponernos a nosotros mismos, seamos ilustres o humildes-el autor es de estos últimos-, poner fe en la continuación de este resurgimiento, iniciado y propulsado por el Caudillo. Fe y constancia. Constancia y tesón."


La cabeza de Castilla y el plano de Burgos de 1953 (guía Fuyma)

Adelelmo, de vez en cuando, levanta la vista de la lectura, piensa en sus "cuidados": frailes, peregrinos, pobres, enfermos, cauces y esguevas que conduzcan las aguas pestilentes y también caudillos imposibles de encauzar. 

¿Bajar al cauce? En mis años infantiles, "el verde herbazal" era de difícil acceso, salvo en algunos tramos,  y escondía sorpresas vivas y poco gratas. Solo los chavales más ágiles y atrevidos salvaban el elevado pretil. Mi hermano era uno de ellos. 

Azorín baja, bajamos con él, le acompañamos: 

"Nuestro ánimo, momentáneamente se desenvuelve libre. En el aire sutil de Burgos, bajo el azul límpido del cielo, ante las olmedas espesas, podemos afinar las percepciones; el paisaje nos invita a la concentración. Nos esforzamos en hacer que el lenguaje sea la expresión exacta, inequívoca del pensamiento; pero el lenguaje nos depara, a veces, expresiones que nos hacen , oscilar, vacilar, ondular, entre el ser y el no ser; percibimos con goce o sin goce, la fusión de los contrarios en un punto...El poeta, un poeta dominador de la forma, dice una cosa y dice otra; afirma y niega al mismo tiempo; lo que quiere decir lo dice, pero vemos que también dice su opuesto...el poeta logra la expresión. "

No sin lucha, el lenguaje encuentra su cauce, "como este cauce bello del Arlanzón, en Burgos". 


El Arlanzón dibujado por Luis Sáez Díez, en la guía Fuyma, Burgos1953. 

Adelelmo sigue su lectura y aquel niño que bajaba "al verde herbazal", logra su expresión: 

Canta mi río con voz de arrullo
con voz plata de agua canta
a sus pies la ciudad sestea, el largo letargo de su historia
En el teatro la farsa se representa
En esta ciudad de malos cómicos, todos interpretan un papel de figurantes
creyendo que son estrellas
En estas butacas vacías hace tiempo que se ausentaron los sueños. 

(Agustín Merino)


Agustín pinta con la espátula un "Inposivle". El cielo ya no es azul. 



Un abrazo para los que pasan por aquí de:

María Ángeles Merino

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo XXII, El Arlanzón, páginas 123, 124 y 125. 

domingo, 9 de julio de 2017

"Burgos, pues, está presidida por un lector"


Vuelvo a las palabras de Azorín, las de su libro La cabeza de Castilla, las que nos leyó Pedro Ojeda Escudero, en el homenaje del día 12, junto a las ruinas del monasterio de San Francisco, en nuestro Burgos:
No pude resistir la tentación de comprobarlo, en la iglesia de San Lesmes; como tampoco resistí la tentación de leer La cabeza de Castilla, donde Azorín nos muestra, en su magistral prosa, un Burgos muy literario y muy poco real. Me senté junto al sepulcro del santo, esquivando las miradas curiosas de las feligresas. 

Sepulcro de San Lesmes y La cabeza de Castilla.

El artista lo esculpió con un libro abierto en la mano. Curioseo y descubro que las páginas están en blanco, no importa. Imagino que Adelelmo, San Lesmes, tuvo que leer, y mucho, sabemos que no andaba escaso de conocimientos: 



Sueño al monje San Lesmes con tiempo de repartir el pan a los pobres, ayudar a los peregrinos  y planificar canales y esguevas para encauzar las pestilentes aguas estancadas, evitando fiebres malignas. 

Y Adelelmo leería mientras paseaba por las orillas del Arlanzón. Vamos a hacer como él. Venid conmigo:

Con María Ángeles Merino y Azorín.



Textos tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo XI, Burgos, páginas 79, 80 y 81.