lunes, 15 de enero de 2018

"La noche que no paró de llover" de Laura Castañón: Amor, felicidad y culpa (4)


-¿Por dónde íbamos, María Ángeles?

-Quedamos en que íbamos a hablar de Feli, un personaje muy interesante. Trabaja como limpiadora en la residencia de ancianos donde Valeria Santaclara tiene habitación doble, abarrotada con sus muebles y "fruslerías". Sus compañeras se quejan de la cuádruple labor pero Feli, "se ofrece para hacerlo, y entra en aquel santuario de soledades como quien se introduce en una iglesia, reverencial y hasta fervorosa, consciente de que entre aquellas paredes se cobijan historias..."



-"Será por historias", "vidas enteras", cada cuarto las alberga, como la de la dueña de la mercería, la de la 104 que acaba de quedar libre: un bultito de un puñado de kilos que antaño fue "oronda y alegre" y con un "deseo caníbal"Un embrión de novela en ocho líneas. La noche que no paró de llover es una novela preñadísima de relatos.

"Y Feli, que en sus ratos libres, cuando le coinciden los turnos, va a un taller literario quiere conocer los detalles de la novela que podría escribirse con la vida de Valeria Santaclara...También quiere saber qué diablos contiene ese sobre cerrado que Valeria acaba de sacar de su bolso..."

-El misterioso sobre, el que vio aquel martes que "la Marquesa" volvió echando pestes de la lluvia y los taxistas, escrito "con tinta azul un poco desvaída y caligrafía de colegio de monjas". El que rezaba: "Para Valeria. El perdón.". Subrayado dos veces.

Y su propia vida, su historia familiar con el "maldito matrimonio", el "maldito/bendito divorcio "y alguna que otra cosilla"...No le faltará material convertible en literatura, que Feli tiene "muchísima imaginación", "un regalo cuando la vida se empeña en darte hostias".

"...especialmente cuando eres pequeña"

-Porque, a los ocho años, sin que nadie se lo explicara, Felicidad empezó a llamarse Feli, porque tenía esa edad cuando la felicidad desapareció de su casa:

-"...un coche que invadió el carril por el que volvían a casa..."

-Su desgracia se enreda con la de otros personajes. Esta es una novela de memorias y las memorias se enredan como zarcillos y mira qué casualidad. 

-Los cuartos que limpia albergan "vidas enteras" pero no eligió trabajar allí para cazar historias, no, eso no, sino que tuvo que coger ese trabajo porque cerró la agencia de viajes, a quién se le ocurre en tiempos de internet, y se fue de los grandes almacenes, "hasta el gorro del jefe de departamento", "un grandísimo gilipollas"

Era una buena vendedora, sin embargo, capaz de asegurar, impasible, las bondades milagrosas de las cremas de doscientos euros. Algún día escribirá sobre el "grandísimo gilipollas"...


"No necesita, pues, para la prometedora carrera de escritora que sabe que tendrá algún día, conocer las vicisitudes que se alinean en los días y los años que ha vivido los ancianos de la residencia."

-No, que a veces le cuentan como recuerdos propios lo que acaban de ver en "Amar en tiempos revueltos" o en alguna famosa película. Como se descuide Laura Castañón, Feli le escribe la novela. Esta y unas cuantas más. 

-Le encantaría dedicarse solo a atrapar historias y escribirlas. Le da mucha rabia cuando no puede ir al taller literario, aunque no hable. Aplicada, toma nota de lo que dice Rafa y se siente su cómplice cuando zanja las "gilipolleces" de "...poetas cursis y vanidosos, la tipa aquella que lo utiliza para ahorrarse la terapia, los letraheridos y los listos". El taller sería un horror si no fuera por la sonrisa y profesionalidad del profe. Para Feli, que además cuida de su padre inválido, la escritura y la complicidad son un gran respiro. 

-¿Amores?

-Feli no ha querido saber nada de hombres desde su divorcio pero ahora ha empezado a mirar a Guille "y lo ve mono". Con barba y melena, tiene la carrera de Historia y sobrevive como dependiente en Fnac mientras trata de sacar tiempo para escribir un libro sobre la represión en Gijón tras la guerra civil, tema que le apasiona o le obsesiona. Le habla de su abuelo Esteban que fue enfermero en el hospital de la Caridad y Feli puede verlo "como en una película antigua con rayaduras y cortes la secuencia". 



-Con Guille, Feli encuentra la memoria histórica y el amor:

"...en el piso de Guille donde hace un rato el aire era jadeos y los besos una torrentera, cuando le dijo con la inocencia del amor recién nacido, y la osadía del superhéroe que nunca fue, voy a hacer que recuperes tu nombre, y voy a hacer que sea para siempre, y Feli piensa que puede oír la amenaza de los aviones, los cañonazos del Cervera desde el mar..."

Guille le habla "de unos días juntos en algún sitio", Feli lo mira como una niña que contempla "la muñeca más bonita del mundo en un escaparate imposible". No puede ser: su padre, una silla de ruedas, una dependencia, "una tristeza interminable". 

Y la acompaña al autobús y "ahora él le habla de una sorpresa, de algo que no le ha dicho y quiere que vea, y algo de la novela que van a escribir juntos, y entonces ella se detiene y se pone frente a él y lo hace callar con un beso en la boca". Le da un sobre escrito y dos fotos:

"Ahí tenemos un montón de personajes, y si los miras bien, todos ellos tienen una historia que están deseando contar."

-A Feli le apasiona el mundo antiguo y encorsetado de Valeria y, a través de Guille, lo que sólo era materia literaria va a convertirse en materia histórica que va a desembocar, con dolor, qué casualidad, en su memoria personal...y en la de Valeria. 

-Feli nos va a dar una sorpresa en la novela cuando abra la puerta de su pasado...¡Esta novela está en un tris de parecer otra cosa! 

-Como dijo Pedro Ojeda en la Sala Polisón:

"Tenemos todos un pasado, algunos varios pasados, varias puertas que no queremos abrir y ese pasado se nos viene encima y nos damos cuenta de que hemos llevado una vida falsa. ¿Qué sucede si un día abrimos esas puertas? ¿Cómo nos podemos reconciliar? ¿Cómo queda nuestro pasado? Hay que volver al pasado para seguir adelante. Ahora hay una obsesión de vivir en presente, pero tenemos que reconciliarnos con nuestro pasado. Todo eso está en la tetralogía de Laura Castañón."



-Hablar, escribir...el lenguaje nos permite conocer y conocernos, reconciliarnos con nosotros mismos y con nuestra vida. Todos tenemos un sobre, una puerta que no nos atrevemos a abrir. Y de la misma manera, a nivel colectivo, como nación. Es bueno que las obras literarias se ocupen de la reconciliación. ¡Hay tantos sobres todavía! 


Homenaje a los fusilados en Estépar (Burgos)

Como pusiste en los títulos, esta es una novela de amor, felicidad y culpa.  ¿No crees, María Ángeles?

-Sí, amiga Austri. Amor con mayúsculas que padece dudas, temores e inseguridades. Amor que exige renuncias, sacrificio, sí eso que ya no se lleva nada. Pensemos en la maternidad de Enma y de Laia que tendrán que dar la vuelta a sus esquemas. 

-¿Homo o hetero? Qué más da, es amor. 

-Felicidad, hay muchas maneras de entenderla, los personajes de esta novela son buena muestra. Incluso hay Valerias que van por el mundo vestidas con una coraza sucedáneo de felicidad. 

-Y muchas Feli en busca de su nombre completo, que piensan en la felicidad como un escaparate imposible. Esperemos que haya Guilles para todas ellas, o ellos.  

-Culpa, muchos sentimientos de culpa: por el mal que infligimos de forma deliberada, por el que jamás imaginaríamos haber causado y por el que creímos ocasionar sin que fuera así. 



-Y perdón, tras la culpa. De Gadea no hemos hablado y es un personaje que me gusta mucho, como antagonista de Valeria. 

-Habría mucho que hablar todavía de La noche que no paró de llover. ¡Cuando venga Laura Castañón a Burgos!

Gracias, Austri, por tu ayuda y compañía. No sé si me querrás acompañar por el México desolado de Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

-Lo pensaré.

Un abrazo de María Ángeles Merino


sábado, 13 de enero de 2018

"La literatura calienta las almas". Crónica de un encuentro lector en la Sala Polisón. Leandro Pérez y Laura Castañón (2).


Pequeña crónica del encuentro del Club de lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda, con el escritor Leandro Pérez. El club de lectura presencial es sostenido por Alumni Burgos (antes, Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos).



El martes, 9 de enero de 2018, a las cinco de la tarde, en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, el Club de lectura de La Acequia, junto al público en general, disfrutamos de un encuentro con el escritor burgalés Leandro Pérez, autor de la novela La sirena de Gibraltar. 

Viene de la entrada anterior: "La literatura calienta las almas". Crónica de un encuentro lector en la Sala Polisón. Leandro Pérez y Laura Castañón (1).

-Pedro Ojeda: Leandro, que ya no es tan joven como dijo Manolo, escribe La sirena de Gibraltar, su segunda novela, después de Las cuatro torres. Editada en Planeta, es una novela negra protagonizada por Juan Torca, un personaje que aparecía ya en la primera, ahora más conseguido, magnifícamente visto por el autor. Un personaje con un pasado de mercenario, en una novela muy situada en la España actual, con unos personajes secundarios oscuros muy interesantes: la corte de Juan Torca. Leandro estructura muy bien el argumento, no trampea, es muy directo y reconstruye las historias contextualizadas en una España actual, cosas que has visto en un periódico, en sucesos. La sirena de Gibraltar ha superado mucho a Las cuatro torres. Juan Torca ha crecido, atrapa desde la primera línea, con pasajes estilísticamente impecables, como el del principio. 

La sirena de Gibraltar y Las cuatro torres en el bar Donde Alberto (Burgos)



Leandro Pérez ha trabajado en el proyecto de Zenda, página literaria de referencia en internet que nos invita a visitar novedades a diario, con información, entrevistas y comentarios de libros. ¡Y tiene tiempo de escribir! Hoy El Correo de Burgos publica " Segundas novelas siempre fueron buenas", en este caso se cumple. Has escrito una muy buena novela, con un personaje muy vivo.

-Leandro Pérez: Estoy  muy agradecido a todos los que estáis aquí, a los burgaleses. Un año después está funcionando el proyecto y estoy en la tercera de las siete novelas que quiero escribir...me meto en muchos embolados.

-Pedro Ojeda: Saca tiempo para mucha cosas.

-Leandro Pérez: Saco tiempo de donde puedo, incluso cuando paseo al perro.

-Pedro Ojeda: ¿Qué os ha parecido el libro si lo habéis leído. ¿Todos?

La sirena de Gibraltar arranca con Torca viendo como rescatan el cadáver de una joven del Manzanares.

-Leandro Pérez: Cuando escribí Las Cuatro Torres, estaba en la ribera del Manzanares haciendo fotos en los sitios donde mi sirena tenía que aparecer. Había visualizado un cadáver en el Manzanares, un año antes tiraron unos bloques de hormigón al mar en Gibraltar, después murió un chaval en una pelea, le empujaron. Las piezas me encajaban perfectamente, la parte estructural me encajaba más que en la primera. 



-Pedro Ojeda: ¿Cuáles son tus líneas? ¿Te dejas llevar?

-Leandro Pérez: Me dejo llevar, hay autores con brújula y con mapa, yo voy con brújula. Sé que Torca está en Madrid, que va a Bilbao, que va a ir a Gibraltar. Hago alguna corrección, retoque, pero no llevo la estructura en la cabeza, hay escritores más guionistas en ese sentido. Yo voy con mi brújula, mi Juan Torca iba a pasar por Sevilla pero, al final, pasa por Marbella. Fue una casualidad, iba con un amigo burgalés que me llevó a Marbella en vez de a Sevilla. La escribí en 2014, las novelas necesitan reposo, barbecho...

-Pedro Ojeda: El inicio es soberbio, el arranque no parece de una novela negra. Lee: 

"La muerte es una sirena andaluza con la cola forrada de hormigón. Una sirena de ojos abiertos y pechos mecidos por la corriente, que seduce a peces y buzos. La sirena emerge del Manzanares un amanecer soleado y tórrido. Boca abajo parece una momia mutilada, envuelta en plásticos chorreantes que impiden que sus brazos se aferren a las aguas del río madrileño..."

¿Cómo salió esta página? 


-Leandro Pérez: El Manzanares no es nuestro Arlanzón, los madrileños no van al Manzanares, a no ser por el fútbol. Me gustaba pasear por él. 


El Manzanares no es el Arlanzón

-Pedro Ojeda: Me gusta ese arranque para que el lector quede atrapado. ¿Quién es ese personaje? ¿Quién es esa mujer? La novela crece en complejidad, parece que se esconde el gran secreto de la España contemporánea. 

-Leandro Pérez: Escribo en varios niveles, no soy omnisciente. Me centro en los pasos de Torca, sus carreras y, en un nivel superior, lo que está ocurriendo en Gibraltar. Intento que vayan en paralelo, ser sincero, sabes lo que va a pasar, ves las trampas, intento no camelar, ser realista, verosímil.

-Pedro Ojeda: La novela que aborda estos grandes temas se viene abajo, la explicación es muy humana, no es el escritor el que tiende las trampas, no engaña, todo es mucho más común, mucho más normal. 


Mi cuaderno de notas
-Leandro Pérez: Las pasiones las vivimos todos, tienen que ser verosímiles, las novelas tramposas no me interesan, lo que nos hace vibrar es lo más humano, las cosas más reales son las que nos llenan, los malos son personas como nosotros, tienen las mismas pasiones.

-Pedro Ojeda: Muy bien trabajado, muy bien hilado, retrotraerlo hacia lo humano. Torca no es policia, no es guardia civil , no tiene una agencia de detectives, no está sujeto a convenciones, va por libre y se puede enredar. 

A Juan Torca lo va a conducir a lo largo del misterio. ¿Cómo definirías a Juan Torca? ¿Te ha sorprendido mucho? 

-Leandro Pérez: El nombre de Juan Torca es de una novela que no se publicó, la guardé en un cajón, era un personaje que no tenía nada que ver. Entre 2002 y 2004 empecé a ver a Juan Torca en el Mar Aral, me metí en un callejón sin salida. Juan Torca aterrizó en Madrid, náufrago y doblemente viudo. Es un tipo que vive conmigo y que ya es como es. Le juzgo por sus actos y por lo que camino con él, con Jandro, con Laguna. Va evolucionando, les estoy hablando de un amigo mío.



-Pedro Ojeda: Muy construido. 
El mundo de internet ¿te ha ayudado o te ha dispersado? ¿Te ha ayudado a centrarte? 

-Leandro Pérez: Me metí en el mundo de internet y pasé algunos años dispersos. Todo suma, el escritor es una esponja que absorbe todo. Como escritor intento alejar al periodista, no quiero que sea mera documentación, intento alejar al internauta pero no puedo obviar que hay móviles e internet. 

-Pedro Ojeda: Torca está muy situado en la España actual, un personaje moderno. ¿Puede haber una novela negra española?

-Leandro Pérez: Torca es burgalés, español, está en el mundo, no pienso en que un lector de Wisconsin tenga que entenderlo. Le hago madrileño de adopción, sabe idiomas, tiene amigos, un amigo con una agencia de detectives, un amigo Jandro que es una masa de músculos...Cuando pasa algo ahora lo pienso en clave torquiana, como lo de Cataluña...empecé a escribir un relato ambientado en esos días. 

Quedan quince minutos. Preguntas.

-Pedro Ojeda: ¿Te fue fácil publicar?

-Leandro Pérez: Yo tengo suerte, Las cuatro torres se la pasé a mi amiga editora. La primera novela es grisácea...y merengue, la segunda es una novela negra porque yo he leído mucho a Vázquez Montalbán y soy hijo de Pepe Carvalho. Me siento cómodo con un contemporáneo de Carvalho, no me preocupa que me encasillen. 



-Pedro Ojeda: El género negro viene a ser una forma de investigar y explicar el mundo en que vivimos. La mayor parte de las personas no vivimos situaciones de riesgo en un mundo criminal; pero existe el asesinato, como el de la sirena. ¿Cómo entiendes la novela negra? ¿Razones en el alma humana? ¿Razones en la sociedad? 

-Leandro Pérez: La novela negra es, para mí, lo que hace mover a Juan Torca. Juan Torca es el que me mete en la novela negra, el que tira de mí. En la novela negra encuentro más entretenimiento  que en otros géneros, personajes más reales. Mis escritores favoritos están lejos de la novela negra: Borges, Delibes...La novela negra me lleva a lugares donde no me llevarían otras novelas. No voy al adoctrinamiento previo al género, luego puede haber lecturas que se pueden extraer, moralejas. 

-Pedro Ojeda: ¿Por qué Juan Torca se mete en esos fregados? No tiene problemas de dinero, podía estar corriendo por el Retiro. 

-Leandro Pérez: Yo te diría un don Quijote que ve entuertos y dice a Sancho que a por ellos. Torca ve a una mujer a la que insultan en el Retiro y va a recibir...es su forma de ser, su parte quijotesca. Don Quijote podría quedarse en su desván leyendo libros, Juan Torca podría ir por la Gran Vía sin que nadie le molestara. Hay personas que pasan de largo, las personas como Torca no pasan de largo. 


Don Quijote siempre

-Lector: ¿Por qué hay veces que las primeras páginas se quedan atascadas? 

-Leandro Pérez: Falta aliento para seguir escribiendo. Ahora escribo un relato sobre Cataluña y tengo una novela con Juan Torca, ya he desatascado el problema que tengo, sé que lo voy a escribir. 

-Lector: Un personaje muy interesante es Mario Barberá. Si puedes hablar de él...

-Leandro Pérez: Yo soy padre sobre todo. Mario Barberá podía ser arquetipo del malo malísimo, con corrupción. Quise hacer un padre. ¿De qué sería capaz un padre en caliente o en frío? La venganza se sirve en frío. 

-Pedro Ojeda: El gran problema de Mario no es su maletín de secretos sino el alma humana, un acierto de la novela. 

-Lector: Juan Torca es burgalés. ¿Le añade algo el ser burgalés?

-Leandro Pérez: Si Torca fuera de Jaén sería otro personaje, "mala follá".

-Lector: Es un "asperón". 

-Pedro Ojeda: Tiene una raíz, una circunstancia. En las mejores novelas, el personaje es muy de un lugar especial que el conoce. 

-Lector: Aqui la magdalena de Proust sería de "La Flor Burgalesa", las favoritas de Juan Torca. 

-Leandro Pérez: Intento no ser un reportero con la cámara, en algún caso concreto sí. Tengo que ir al Manzanares, tengo que ir a Gibraltar. 



-Lector: La novela va más por los detalles.

-Leandro Pérez: No hay un mapa de Gibraltar. Con este amigo mío, rodeamos el Peñon y encontramos el final de la novela, aquí tiene que pasar. No intento ser periodista, ahora no hace falta decirlo todo, como en Guerra y paz. Tu cabeza va construyendo.-Lector: Estoy admirado en los tiempos que corren. ¿Cómo tenéis la cabeza para escribir, centraros en algo que sea atractivo?

-Leandro Pérez: Juan Torca vive conmigo. Hago mi vida pero tengo un rincón donde vive el autor, es apasionante, el momento de escribir, el primer lector, lo disfrutas, vives otras vidas.

Tengo un proyecto que no tiene nada que ver con Torca, sí con Burgos. Invitación. Y también la tercera de Juan Torca, esquizofrenia, Cuando sea mayor, tengo otro proyecto...Gracias a todos, se ha calmado la nieve, se agradece mucho.

-Pedro Ojeda: Es un escritor del que poder esperar que nos haga disfrutar mucho. Gracias, Leandro. 

"La literatura calienta las almas".

Una vez terminada la reunión, Leandro Pérez dedica y firma ejemplares de La sirena de Gibraltar. El mío se quedó en casa de una amiga que tuvo que salir de viaje, por un asunto urgente. Por eso, pedí a Leandro que me firmara en el cuaderno de notas. Pasará al libro cuando sea posible y formará parte de mi colección de dedicatorias de escritores. 


Hablo con Leandro Pérez, es un chaval de mi barrio, de los Vadillos. Le comento que, a mí, el personaje que realmente me gusta es Rodrigo, el hijo policia de Juan Torca, menuda bronca le echa a principio de la novela, una bronca de muy hijo y señor mío. 

¿Rodrigo Torca?
Un abrazo de María Ángeles Merino




miércoles, 10 de enero de 2018

"La literatura calienta las almas". Crónica de un encuentro lector en la Sala Polisón. Leandro Pérez y Laura Castañón (1).



Pequeña crónica del encuentro del Club de lectura de La Acequia, dirigido por Pedro Ojeda, con el escritor Leandro Pérez. El club de lectura presencial es sostenido por Alumni Burgos (antes, Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos).

Ayer, 9 de enero de 2018, a las cinco de la tarde, en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, el Club de lectura de La Acequia, junto al público en general, disfrutamos de un encuentro con el escritor burgalés Leandro Pérez, autor de la novela La sirena de Gibraltar. Estaba previsto como un acto conjunto, con dos novelistas leídos recientemente: Leandro Pérez y la escritora asturiana Laura Castañón, autora de La noche que no paró de llover, que no pudo asistir por razones climatológicas y de comunicaciones. Echamos mucho de menos a Laura, de la que teníamos grato recuerdo de cuando dejó las cosas en sus días y nos convenció.

Leandro Pérez nos habló de su novela, con la génesis y los personajes. Disfrutamos con su amena exposición y con la de Pedro Ojeda que destacó los aspectos más brillantes de la obra. Nuestro profesor puso la rúbrica al acto con la frase: "La literatura calienta las almas". Estamos de acuerdo.


Manuel Sancho Echevarrieta, presidente de Alumni y buen lector, nos dio la bienvenida a esta Sala Polisón, "escenario de las intrigas de nuestra juventud". Nos animó a participar y a seguir leyendo, agradeciendo  la asistencia. 

La tarde que no paró de llover...y nevar.

Toma la palabra Pedro Ojeda Escudero que se dirige al público allí presente:

No hay nada como convocar cosas como éstas para que venga el invierno de verdad, nuestro agradecimiento a Manolo que acoge siempre con tanto cariño la reunión del Club de lectura.

Las actividades programadas para el Club de Lectura se ofrecen en abierto, sentíos invitados a todo lo que hagamos, a través de Alumni. No es un círculo cerrado sino que todos podéis proponer libros y actividades. La hoja del club, este año, se nos presenta muy abundante, estad atentos. Leeremos el próximo Premio de la Crítica de Castilla y León, no es que se sepa ya el ganador, no seáis malos. También participaremos en la Feria del Libro. Va a ser un año con bastantes actividades que se rematarán con viajes.

Hoy tenemos el privilegio de tener a Leandro Pérez, novela que leímos antes de la de Laura, con el intermedio de la excursión a Valladolid para el homenaje a Zorrilla, un día mágico que todos recordaremos.




Pido disculpas en nombre de Laura Castañón que se ha asustado, los medios de comunicación han asustado para estos días. Se compromete a venir en cuanto el tiempo se regularice. Conocemos ya sus dos primeras novelas, enseguida tendermos su tercera novela y ya está escribiendo la cuarta. Hablaremos de Laura Castañón. 

Dos novelas muy diferentes, la de Laura y la de Leandro, las dos actuales. Una novela negra de misterio, otra llena de vida, ¿misterio? No quiero estropear la lectura a quien no la haya leído porque en La noche que no paró de llover tenemos el misterio de Valeria, aunque no sea una novela de misterio. 

Secretos 

Es una novela compleja estructuralmente, hay una complicidad con los personajes, se escribe como se habla, los personajes no paran de hablar, la escritura como terapia, como forma de autoconocimiento, escribir ayuda a comprendernos, los personajes van a la escritura como forma de ir entendiendo. 



Tenemos todos un pasado, algunos varios pasados, varias puertas que no queremos abrir y ese pasado se nos viene encima y nos damos cuenta de que hemos llevado una vida falsa. ¿Qué sucede si un día abrimos esas puertas? ¿Cómo nos podemos reconciliar? ¿Cómo queda nuestro pasado? Hay que volver al pasado para seguir adelante. Ahora hay una obsesión de vivir en presente,  pero tenemos que reconciliarnos con nuestro pasado. Todo eso está en la tetralogía de Laura Castañón. 

Publicada en buenas editoriales, Alfaguara y Destino, está creciendo en lectores y en crítica. De la tercera novela he tenido acceso al borrador y es todavía mejor que la segunda. Ahora está en deuda con nosotros. Disculpas de su parte, se ha asustado ante las dificultades para volver a Gijón. Su salud, su enfermedad, cinco horas metida en un coche...Recuerda, Laura, que tienes deuda con nosotros.

Ahora quiero disfrutar de la persona que está con nosotros: Leandro Pérez.

Continuaré, en otra entrada, con la crónica. Pedro Ojeda y Leandro Pérez rajaron lo suyo. A teclear, María Ángeles. 

"La literatura calienta las almas", Pedro Ojeda dijo.

Un abrazo para los que pasáis por aquí.

María Ángeles Merino


jueves, 4 de enero de 2018

"La noche que no paró de llover" más una pintura y unos versos.

Soledad y lluvia. Óleo a la espátula de Agustín Merino

La noche que no paró de llover.
Toda la noche extendida en agua.
Tanta era la sed del asfalto y del cemento.
De las almas atrapadas en cúbicas formas, 
creyéndose cobijadas, protegidas.
Siendo realmente presas.
Mientras cantan letanías
y salmodias que hablan de su condena.
Bajo un desamparado cielo, 
sin un redimir de luna.
(Agustín Merino)

"Sonríe y respira, y yo me digo, pero cómo va a ser, si ya han pasado tantos años, y sin embargo sé que es esa noche porque oigo la lluvia, no para de llover." 
(Laura Castañón)



miércoles, 3 de enero de 2018

"La noche que no paró de llover" de Laura Castañón: Amor, felicidad y culpa (3)



"Y fue entonces cuando, justo después de doblar la esquina en Marqués de Casa Valdés con Ruiz Gómez y haber echado un vistazo imprescindible al escaparate de la tienda de mascotas, descubrió que la mujer, tan alta, tan erguida, tan delgada y con la mirada impaciente de quien no está acostumbrada a esperar, justo delante del portal, tenía que ser Valeria Santaclara."(Ver Google Maps)
-¿Por dónde íbamos, María Ángeles?

-Nos quedamos en el Ne me quitte pas de Enma. La enamoradísima Enma sueña con la felicidad total, al lado de Laia Vallverdú, "la tía más valiosa, más inteligente del mundo", la de la  inolvidable "sonrisa de la noche aquella"; pero teme, está insegura, no cesa el "runrún que pone en sordina la felicidad":

"Tengo esa sonrisa grabada en la memoria, porque en ella cabía un universo entero."

"...lo cierto es que no termino de sentirme bien del todo, porque a veces el número de chispitas de sus ojos se reduce de un modo alarmante y a mí me asusta que no sea feliz. Que eche de menos Madrid y su trabajo. Que lamente estar aquí. Que no le guste la lluvia. Que no termine de encontrar su espacio. Que no le guste yo tanto como ella me gusta a mí."

Nos dan ganas de decirle a nuestra amiga Enma que no nos tache lo principal.



-¡Y que no siempre ha de ver tantas"chispitas" como las de "la noche aquella"! Si el "runrún" apaga algunas, paciencia, que el amor las volverá a encender. Esta chica desearía la felicidad de dos ratones sentados en un queso y mordiendo de otro. Antes nos decían que después de "la vida y dulzura" venía "la esperanza nuestra". 

-Vaya, ahora sales con una advertencia viejuna, tomada de una oración católica. Yo le aconsejaría, por qué no, seguir el refrán: "Mientras dura, vida y dulzura". "Carpe diem" y fuera el "runrún". No es fácil, pero se puede intentar...a ratos. Lo dicho, Enma, a seguir con tu máster de felicidad. Y no te amargues con la báscula, que la 44 es una talla muy normal en España. 



-Venga, vamos a la consulta que Laia ha abierto, con ayuda de Enma, en un pequeño apartamento de la Plazuela de San Miguel. Allí acude Valeria Santaclara, una paciente: "tan alta, tan erguida, tan delgada...el pelo cuidadosamente cardado...con la barbilla desafiando a cualquier confesión...parecía, a pesar de su edad, que sin duda era muy avanzada, sacada de un catálogo de moda de señora de alguna de las firmas de El Corte Inglés". 

-Las caras: Ralph Lauren, Lasserre...No habíamos hablado de marcas de ropa desde Cicatriz, aquella novela de Sara Mesa. ¿Te acuerdas? Nada que ver con esta.

-Sí, aquel Knut hubiera necesitado una legión de psicólogos y de psiquiatras, nada que ver; pero la ropa de marca marca mucho  y Laura Castañón va mucho más allá de los "trapos" cuando escribe: 

"Antes de sentarse esa segunda vez se había quitado la gabardina de color beis, y que seguramente era de Ralph Lauren, y había procedido a doblarla cuidadosamente. Con el jersey de angora de color crema, la falda recta de cuadros en tonos marrones y las botas hasta la rodilla y medio tacón, sentada en el borde de la mecedora, con la barbilla desafiando a cualquier confesión."
-La buena señora nos deja en suspenso, en aquella primera consulta, cuando con labios temblorosos y ojos llenos de lágrimas, anuncia que volverá el próximo martes, que "hoy no es un buen día". Y, ante el silencio de la psicóloga, deja sobre la mesa tres billetes de cincuenta euros, casi el doble del precio estipulado. 

-Es algo caro, me han dicho que suelen cobrar entre cincuenta y noventa euros; pero no es eso lo extraño. Lo que nos chirría un poco es el gesto de ambas. A las señoronas como Valeria las veo yo preguntando, con cierto remilgo, como si hablar de dinero fuera de mal gusto: cuáles son sus honorarios. ¡Y no suelen confesar que tienen "dinero para aburrir"! De Laia me extraña que no diga ni mu, tal vez no acierta a reaccionar; aunque el dinero le viene muy bien para no depender tanto de Enma. La escritora tendrá sus razones, que los personajes hijos suyos son, aunque los lectores los recreemos cada uno a nuestro estilo. Y habrá tantas Laias como lectores tenga la novela. 

-¡Todos tenemos en mente a alguna señora mayor, rica, soberbia y estirada! Pero doña Valeria no se parece a ninguna de esas en que pensamos. 

- La gente de su generación no cree en psicólogos y es más de curas, mas ella sabe muy bien lo que quiere, que de la sotanas no se fía: 

- "¿Cuál es el motivo de la consulta?

...Se levantó...y se acercó hasta el balcón que daba a la Plazuela; desde allí, después de mirar brevemente hacia fuera, se giró y consideró la estancia como midiéndola.

-Este era mi cuarto.

La sorpresa de Laia quedó enseguida anulada por el alivio que le proporcionó entender de golpe aquel comportamiento extraño"

-¡Es su antigua casa de la Plazuela de San Miguel! Está sentada justo en el lugar de su cama. ¿Su infancia?

"Éramos las niñas de organdí y terciopelo..."


-Cree que viene...porque necesita armarse de valor para abrir un sobre donde su hermana Gadea, ya fallecida, escribió: "Para Valeria. El perdón". Lo que necesita, en realidad, es alguien que la escuche, para entender, entenderse:

-"Vives muchos años, y ya ves, total para qué: para que no te quede nadie y para tener que acabar comprando con dinero a alguien que te escuche y que te ayude a desentrañar qué fue de toda esa vida que se acumula en todos estos años."

-En la residencia de Valeria, trabaja Feli: la cuarta voz , la limpiadora, alumna de un taller de escritura que sueña y huye de una vida triste y escudriña vidas ajenas para armar relatos. ¡Qué interesante es la habitación de doña Valeria! 

"Y Feli, que en sus ratos libres, cuando le coinciden los turnos, va a un taller literario, quiere conocer los detalles de la novela que podría escribirse con la vida de Valeria Santaclara. "

-Cuatro personajes femeninos que nos hablan de amor, de felicidad o de culpa y nos salpican con la lluvia de sus palabras. Y Guille, el novio de Feli comprometido con la memoria histórica y Richi el hermano gay de Enma, sí también. Todavía no hemos escrito palabras como homosexual, gay o lesbiana. ¡Ni falta que hace para hablar de amor con mayúsculas!

-Y Frida, la mascota, perrita, también del género femenino. Y no te olvides de la mamá de Enma, la que no se entera:

"...no, no, mamá, cómo se te ocurre, voy a vivir con una amiga."

"...porque lo que en realidad tendría que estar diciendo era que mira, mamá, que mejor llamas, no sea que en una de esas entres por la puerta y equivoques la ocasión y nos halles labio a labio en el salón, comiéndonos la boca, vaya, y quien dice la boca, dice lo que sea."

-Lo que sea. Gracias, Austri. Continuaremos enseguida con Feli que es un personaje muy interesante. 

Como veis, mi amiga y yo vamos muy despacito, superando el bache de la semana pasada. De lo que se trata es de pasarlo bien escribiendo sobre los libros que nos gustan. 

Un abrazo de María Ángeles Merino
Y Austri.


viernes, 29 de diciembre de 2017

"La noche que no paró de llover" de Laura Castañón. Amor, felicidad y culpa (2).


Un ratito de felicidad este verano.

Comentario a la novela La noche que no paró de llover, de Laura Castañón. Para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda. En forma de diálogo con Austri, mi fiel compañera de lecturas.

¡Hola, visitantes de mi blog!

Aquí me tenéis, que no arranco con la entrada y la semana pasada la pasé en blanco. 

En la del día 13 de diciembre, me echó una mano mi amiga Austri para, tal y como comentó Pedro Ojeda, lanzarme "a todo pulmón con la novela de Laura Castañón comenzando por el recuerdo del encuentro que tuvimos los lectores con ella a raíz de su primera novela...los resortes para abrir La noche que no paró de llover".

"El lector curioso" ya tenía los resortes y Austri nos adelantó algunas pinceladas en su ataque de "bocachanclez": "pareja, temores, amor, familia, consulta psicológica, memoria histórica, taller de escritura, intriga, sentimientos de culpa, tal vez un asesinato, maternidad, Gijón casi como un personaje...". 



-Llevas días y días dando vueltas a lo que quieres escribir, tienes por ahí varios borradores. Sé que disfrutaste de la lectura, en verano, y de la relectura, en invierno. Hemos pasado horas comentando, que qué amorosa Enma, con su diario forrado de violetas victorianas, un poco cursi tal vez, gordita pero nada que ver con Bridget Jonesque si Laia lee a Spinoza, en verdad que es necesaria la fría razón para escuchar a doña Valeria; que verbalizar sus culpas la humanizó y redimió, solo amó a su sobrina y la perdió, no conoció el orgasmo, a no ser con el guaje aquel, uy no, una señorita de ciudad, cada uno en su sitio; que Feli, la limpiadora encuentra en la literatura el rastro de la felicidad perdida en un accidente...Sin embargo, ahí estás estancada y tu blog sin entradas.

¿Me dejas ahora extenderme un poco? 

-Te dejo, Austri. Mira, podemos dar nuestra visión de la novela, y disfrutar con ello, para eso lo hacemos; pero nuestro papel es contar sin contar. No quisiera que algún posible lector, por nuestras torpes palabras, se desmotivara y dejara "de leer como si escucháramos" a Laia, a Enma, a doña Valeria y a Feli. Comienza:

-El lector entra "de puntillas" en la primera página y encuentra un sueño nítido, con un soñador culpable y un muerto viviente soñado, mientras "no para de llover":

"A veces sueño que respira"

El relato onírico atrapa y empuja hacia el misterio: 

"...que nunca tendrá una vida, porque yo lo maté"



-El lector se queda pensativo. Tal vez hojee y ojee, en busca de más microrrelatos sibilinos como el de la página 9, delatados por la cursiva; pero es mejor que pase a la siguiente página, donde un narrador omnisciente le va acercando a Laia, en su lucha con el viento y la lluvia, en el barrio de La Arena

-Laia es una psicóloga catalana que comienza, con amor y muchas dudas, en Gijón, una nueva vida junto a la gijonesa Enma, de la misma profesión; porque muchas cosas se le vuelven del revés, como su paraguas arcoíris. ¿Recuerdas la portada de Dejar las cosas en sus días, de la misma autora?

"Porque el paraíso, de eso Laia estaba segura, no podía estar en las calles del barrio de la Arena y sus corrientes de viento inclemente y lluvia asesina."


-Pasamos a la primera persona. Escuchamos a Enma que se nos embala en su diario, con su catarata amorosa de ilusión : 

"...la promesa de un tiempo de olas y besos, de libros compartidos y palabras, de olor a bizcochos en el horno y atardeceres cómplices con el sol ocultándose detrás de la iglesia de San Pedro, de saltar del jueves hasta el sábado, bebiendo juntos café para dos, la vida en buena compañía, fumando un bocadillo a medias, haciendo broma con las cosas serias. Mucho más felices dónde va a parar."


-El más completo cuadro de la felicidad, el soñado por Enma. La canción de Paloma San Basilio también ayuda a expresarlo, aunque los bocadillos se fumen. 

 Nos conmueve su temor al abandono:

"Y la miré y empecé justo lo que no quería ni debía hacer: a confesarle mi amor inquebrantable, a decirle que no me dejara, a suplicarle que no se fuera. A jurarle que yo haría cualquier cosa, que entendería lo que fuera necesario, que haría los cambios precisos, para que no se fuera. Añadí que era la mujer de mi vida. Y que yo quería estar todos y cada uno de mis días a su lado, Y que no me dejara. Que por favor no me dejara...Hablaba y hablaba, y mi cabeza iba a su aire tratando de traducir la letra del Ne me quitte pas..."

CONTINUARÁ

-Austri, si te parece, dejamos la entrada así y seguimos en otra. Gracias por tu ayuda.


Felicitamos el año a todos los del club de lectura y a todos los que nos visitan. 

Un abrazo de María Ángeles Merino.

Y Austri.